Citas del Libro del Desasosiego

Por Fernando Pessoa

Selección realizada por Esteban Espejo de algunas citas del Libro del desasosiego. Una obra fundamental del escritor portugués donde convierte el género de diario en un texto metafísico. En este libro parece poner patas para arriba hasta el psicoanálisis: “Me falta algo que no deseo”; pero también puede confirmarlo: “Encontrar la personalidad en el hecho de perderla”.

 

Citas de El libro del desasosiego

 

 

(p. 47): Ni abandoné a Dios tan ampliamente como ellos, ni acepté nunca la Humanidad.” Pessoa está entre la tierra y el cielo. Así como entre la acción y el sueño: (49) “como desprecio uno y otro, no elijo ninguno; pero como, llegada la hora, he de soñar u obrar, mezclo una cosa con la otra”

(50) “Tristeza de serlo todo, una sensación de ser yo y a la vez algo externo.”

(52) “Escribo, triste, en mi cuarto quieto, solo, como siempre he sido, solo como siempre seré.”

(56) “Todo en mí es esta tendencia a ser de inmediato otra cosa”

“Soy dos, y entre ambos la distancia – hermanos siameses que no están pegados”.

(59) “Parí mi ser infinito pero me arranqué a golpes de mí”. En el momento en que renace, también mata una parte suya, como si él pudiera ser a partir de haberse perdido, hecho ausencia. Después dice (72): “Encontrar la propia personalidad en el hecho de perderla”.

(65) “Dar a cada emoción una personalidad, un alma a cada estado del alma”- heterónimos – religiones politeístas, paganas.

 

Moral que propone la libertad a partir de la intimidad, sin depender de los otros, como Montaigne que se encierra en su torre para escribir. (72) “No el placer, la gloria, el poder: sólo la libertad”. Pessoa luego dirá (146): “La renuncia es la liberación”.

 

(73): “Mi aversión por el esfuerzo crece hasta el horror casi gestual ante todas las formas de esfuerzo violento. Y la guerra, el trabajo, (…) la ayuda al prójimo… todo eso no me parece más que el fruto de una falta de pudor. Y comparado con la realidad suprema de mi alma, todo lo que es útil y exterior tiene gusto a frívolo y trivial ante la soberana y pura grandeza de mis más vivos y frecuentes sueños. Ellos, para mí, son más reales.

 

(75) “Ni siquiera fingí, me fingieron. Fui, no el actor, sino sus gestos.” “Soy (…) un solitario súbito, que se reconoce desterrado donde siempre creyó ser ciudadano. En lo más íntimo de lo que pensé no fui yo.”

 

(76) “No saber de uno mismo; eso es vivir. Saber mal de uno mismo, eso es pensar. Saber de uno mismo, de repente, (…) es tener súbitamente la noción de la mónada íntima, de la palabra mágica del alma. Pero esa luz repentina quema todo, consume todo. Nos desnuda incluso de nosotros mismos.

(78) “No hay sosiego, ¡ay de mí!, y ni siquiera el deseo de que lo haya”.

(79) “Quien vive como yo no muere: se acaba, se marchita, se desvegeta”.

(80- IMP)) “Un deseo de no haber sido nunca nada, una desesperación consciente de todas las células del cuerpo y del alma. (…) ¿Pensar en huir hacia dónde, si sólo la celda es todo? Y entonces me asalta el deseo desbordante, absurdo, de una especie de satanismo previo a Satán, de que un día – un día sin tiempo ni sustancia – sea posible fugarse hacia fuera de Dios y lo más profundo de nosotros deje, no sé cómo, de formar parte del ser o del no ser.”

 

(100) “Pervertir sería el fin de mi vida. ¿Pero hay algún alma con mis palabras? ¿Las oye alguien además de mí?”

(101) “Me duele algún sentimiento que desconozco; me falta algún tema pero no sé cuál; no tengo ganas en los nervios. Estoy triste debajo de la conciencia.”

(112) “Entre la vida y yo hay un cristal tenue. Por más nítidamente que yo vea y comprenda la vida, no la puedo tocar”.

“Abdicar es un esfuerzo, y yo no tengo aliento en el alma con que esforzarme”.

“Mi vida es como si me golpeasen con ella”.

(115)Estoy solo en el mundo. Ver es estar alejado. Ver claro es detenerse. Analizar es ser extranjero. Todos pasan sin ni siquiera rozarme. Sólo hay aire a mi alrededor. Me siento tan aislado que puedo palpar la distancia entre mí y mi presencia”. Luego dice (163): “En la cumbre no hay lugar sino para el hombre solo”.

(118) “La metafísica me pareció siempre una forma prolongada de locura latente. Si pudiéramos conocer la verdad, la veríamos; todo lo demás es sistema y sus alrededores. Nos basta, si pensamos, la incomprensibilidad del universo; querer comprenderlo es ser menos que hombres, porque ser hombre es saber que no se comprende”. “A falta de saber, escribo”.

(120)- máxima humana: “La única actitud digna de un hombre superior es el persistir tenaz en una actividad que se reconoce inútil”.

Realidad-ilusión (120): “Reconocer la realidad como una forma de ilusión, y la ilusión como una forma de realidad, es igualmente necesario e igualmente inútil.”

Soñador-hombre activo (122): “El soñador no es superior al hombre activo porque el sueño sea superior a la realidad. La superioridad del soñador consiste en que soñar es mucho más práctico que vivir, y en el hecho de que el soñador extrae de la vida un placer mucho más vasto y más variado que el hombre de acción.”

(122) “Yo nunca hice otra cosa que soñar. Ha sido ése, y sólo ése, el sentido de mi vida. (…) Nunca hice caso a los que me hablaban de vivir. Pertenecí siempre a lo que no está donde estoy y a lo que nunca pude ser. Todo lo que no es mío, por insignificante que sea, tuvo siempre poesía para mí. Nunca amé sino nada. Nunca deseé sino lo que no me podía imaginar. A la vida no le pedí otra cosa sino que pasara por mí sin que yo la sintiese. Del amor no esperé otra cosa, a no ser que fuera siempre un sueño lejano. En mis propios paisajes interiores, irreales todos ellos, fue siempre lo lejano lo que me atrajo (…). ¡Ah, no hay nostalgias más dolorosas que las de las cosas que no fueron nunca!”

 (150): “Ni siquiera los sueños me agradan porque les encuentro defectos”.

 

(126) “Vivir es ser otro. Sentir no es posible si hoy se siente como ayer se sintió: sentir hoy lo mismo que ayer no es sentir – es recordar hoy lo que se sintió ayer, ser hoy el cadáver vivo de lo que ayer fue la vida perdida.” “Somos quienes no somos”.

(130) “Vivir me parece un error metafísico de la materia, un descuido de la inacción”.

(134- “Estética de la abdicación”): “toda victoria es una grosería”.

(136) “La vida se siente en los músculos”. Pessoa habla de la náusea; la relación con Sartre es obvia: el momento en que más existimos es cuando nos invade la náusea.

(139) “Nunca amamos a nadie. Amamos, tan sólo, la idea que nos hacemos de alguien. Es a un concepto nuestro – a nosotros mismos, en suma – a quien amamos.”

(140) “en el fondo, no existe sino mi timidez, mi incompetencia para la vida”

(141) “La literatura simula la vida”

(144) “No me someto al Estado ni a los hombres; resisto en la inercia”

(151) “Ser comprendido es prostituirse”

(167) “Dudamos de nosotros y de nuestra duda”; “Conocerse es equivocarse”.

(167) “siempre la verdad, aunque falsa, está más allá de la esquina. Y es esto lo que cansa más que la vida”

(170) “Empiezo porque no tengo fuerza para pensar; termino porque no tengo alma para interrumpir. Este libro es mi cobardía.” Sin embargo, Pessoa nunca puede dejar de escribir; y continúa: “escribir es despreciarme, (…) el vicio que desprecio y en el que vivo”. Pero hay algo de una belleza absurda, insensata en escribir: “Escribo acunándome, como una madre loca a un hijo muerto”.

(171) “¿Quién soy yo para mí? Sólo una sensación mía.”

(174) “Hay metáforas que son más reales que la gente que camina en la calle. (…) tanto me habitué a sentir lo falso como verdadero, lo tan nítidamente soñado como visto, que perdí el don de la distinción humana, falsa, creo, entre la verdad y la mentira.”

(182) “Todo es nosotros, y nosotros somos todo; ¿pero de qué sirve si todo es nada?”

(182) “Sólo al genio le es dado ser algunos otros, además de él mismo”. Justamente, y para pensar acerca de los heterónimos, en otra parte escribió: “¿qué otra cosa puede hacer un hombre de genio si no es convertirse él mismo en una literatura?” También agrega: “Quiero ser un creador de mitos, que es el más alto misterio que un ser humano puede realizar”.

(192) “Aquel de nosotros que llega más alto no es sino un conocedor más cercano de lo hueco y de lo incierto de todo”.

 

 

Vida-muerte-sueño (p. 191)

 

“Somos muerte. Esto que consideramos vida, es el sueño de la vida real, la muerte de lo que verdaderamente somos. Los muertos nacen, no mueren. Nuestros mundos están invertidos. Cuando consideramos que vivimos, estamos muertos; vamos a empezar a vivir, en cambio, cuando seamos moribundos.

La relación que hay entre el sueño y la vida es la misma que hay entre lo que llamamos vida y lo que llamamos muerte. Estamos durmiendo, y esta vida es sueño, no en un sentido metafórico o poético, sino en un sentido verdadero. (…)

Y hasta vivir es morir, porque no podemos contar con un día más en nuestra vida que no sea, a la vez, un día menos.

Poblamos sueños, somos sombras vagando a través de florestas imposibles, en las que los árboles son casas, costumbres, ideales, ideales y filosofías.”

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